Este fósil milenario es valorado por su forma espiral natural, lo que lo convierte en un símbolo de transformación, evolución y estabilidad. Se considera que su energía ayuda a equilibrar tanto el entorno como el interior (y chakras) de la persona, favoreciendo procesos de cambio con mayor claridad y orden. Por su origen terrestre y milenario, se le atribuye una conexión profunda con la historia y la energía de la Tierra, lo que aporta una sensación de enraizamiento, seguridad y continuidad. Equilibra el chakra raíz promoviendo confianza, bienestar y conexión con el mundo. También se asocia con la armonía y el flujo natural de la vida, siendo útil para quienes buscan reorganizar su energía o reforzar su estabilidad emocional y mental. Su forma natural en espiral está vinculada al patrón del crecimiento, el ADN, y la expansión del universo, lo que la convierte en un símbolo de equilibrio entre lo físico y lo espiritual.
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